¿Qué es esta kak? Die Antwoord 08/02/2010
Posted by Cyn in arte, camp, die antwoord, identidad, mierda, musica, seven days, sudafrica, wtf.add a comment
Supongamos que Diane Arbus – resucitada – y Eric Wareheim visitan una colonia de basurillas blancas en Sudáfrica; y se topan con unos fans de Vanilla Ice, Dance Dance Revolution, y cualquier porquería que haya retumbado las ventanas de un vehículo mal enchulado.
Seguro hubieran tenido la imagen y el sonido de Die Antwoord. Su nombre en Afrikaans significa “La Respuesta”. ¿La Respuesta a qué? “Vatever, man… fokk”. Este es un proyecto más de Watkin Tudor Jones, reconocido en la escena nacional por sus numerosos y salvajes colectivos.
Watkin, quien ahora se hace llamar Ninja, es acompañado de su esposa Yo-Landi Vi$$er y de DJ Hi-Tek, quien cuenta con cierta fama por padecer progeria y haber burlado la esperanza de vida promedio de quienes envejecen prematuramente. Antes ya habían formado MaxNormal.TV, un conjunto de hip hop / programa de Internet / vendedores de juguetes / parodia de divos motivacionales.
He aquí un tierno y rarísimo video que nos alienta a seguir el estilo de vida del dassie:
La identidad sudafricana es su mayor influencia, con todas sus tribus, razas y trasfondos sociales. Dice Ninja que la música se basa en los compilados de rave que, a todo volumen, suelen escuchar los taxistas de la región. No ocultan su acento ni se toman la molestia de usar caló menos local para que lo entiendan las masas. Traen algo entre broma y arte, entre burla y mensaje, con una compleja historia que respalda cada proyecto y le hace cobrar vida por sí sólo.
No me había topado con algo tan sobresaturado, cacofónico, nacionalista y pop artsy desde el primer álbum de M.I.A. Como ella, supongo que nos darán mucho de qué hablar en un futuro cercano. Veo venir presentaciones pisstake en huecas entregas de premios, alguna pasarela basada en la estética de sus integrantes, festivales veraniegos alrededor del mundo en los que pongan a bailar a niñas ricas y famosas, y cualquier otra actividad que sirva para que el mundo deje de pensar que en Sudáfrica no hay más que zebras y hakuna matata. Como en quién sabe qué anuncio:
Para más información, pueden checar estos links. A lo mejor ahí se topan con La Respuesta. O algo así.
¡Santos venados pigmeos! 02/02/2010
Posted by Cyn in Las Bellas Artes Mag, Venus, arte, autopromocion, chicas, internetz, the pigmy deer, yay.1 comment so far
Con la novedad de que he pasado a formar parte de las filas de The Pigmy Deer Network. Este colectivo, fundado por la brillante Evangelina Guerra, reúne a mexicanos involucrados con el arte, la arquitectura y el diseño.
El network cuenta con su propio zine en Internet: Las Bellas Artes Magazine o Art+Culture+Critique. Aquí escriben personalidades del stock como Miguel Melgarejo, Gabi Fventes, Kari Estrada, Sr. Amable, Cheryl Santos; y, desde hoy, una servidora.
En mi primer artículo – más breve de lo que aquí se acostumbra – hablo de cómo ha cambiado la forma en que se retrata a la Venus (o Afrodita) en la historia del arte. Está en inglés, pero es del básico. Acá onda Harmon Hall y así, por lo que dudo que no lo entiendan. Pollito chicken, and shit.
Pueden accesarlo dando click a la foto de Bellucci (quien fuera la última Venus desnuda en el timeline de Eco en Historia de la Belleza), o en la sección “¿Dónde?”
V te ama tal y como eres. Al menos por el mes de Enero. 26/01/2010
Posted by Cyn in V, feminismo, gorda, identidad, moda.1 comment so far
Si se quejan de que tardé bastante en poner esta nota, es porque esperaba a que la revista estuviera disponible en tiendas mexicanas. El lanzamiento mundial fue el 14 de Enero. La he buscado en vano en cada kiosco, librería, cafetería y antro de mala muerte; así que ya subo esto antes de que sea tan actual como el asesinato de Selena.
Habrán de recordar la vez que les compartí mi camino a la autoaceptación y la iluminación. Si son cercanos a mí, también habrán de conocer mi contienda interminable por el respeto a personas de todo tamaño en un ambiente cada vez más patético, testarudo y totalitarista. A veces siento que parezco Joy Nash (pero menos bonita y con menor poder de con
vencimiento) en mis conversaciones diarias. Equis, wey.
Si hablamos sobre la moda en tallas más allá de la 10, nos metemos en dilema seguro e innecesario. Ya no me siento con ganas de repetir aquel trasfondo que brevemente comenté (con links que los tratan a profundidad) en dicha entrada, pero el conflicto fue más fuerte después de aquella temporada.
Para presentar su colección primavera 2010 en la London Fashion Week, el diseñador Mark Fast contrató a modelos de tallas 12-14 inglesas (10-12 estadounidenses) para demostrar cómo se verían las prendas en mujeres promedio. Un estilista horrorizado abandonó el proyecto, p
ero no se le echó de menos – y se perdió de los aplausos. En su edición de septiembre, Glamour publicó una fotografía de Lizzie Miller – ahora conocida como “la chica de la página 194” – con una barriguita que fue amada y odiada por comentaristas. Para noviembre, el artículo principal fue dedicado a otras modelos plus como Kate Dillon, Ashley Graham, Anansa Sims y Crystal Renn. Esta última lanzó su autobiografía “Hungry: A Young Model’s Story of Appetite, Ambition and the Ultimate Embrace of Curves”, donde nos cuenta cómo aprendió a amarse a sí misma sin recurrir a la autoflagelación y sin necesariamente abandonar al mundo de la moda.
La velocidad y fuerza con la que chicas gordas -y no tan gordas- llegaron a poblar pasarelas y publicaciones fue tan intimidante, que en algún momento Karl Lagerfeld comentó que nadie quería ver mujeres curvilíneas, que el mundo de la moda debía seguir siendo sobre “sueños e ilusiones”, y que habían “madres gordas con sus bolsas de papas fritas sentadas frente al televisor y diciendo que las modelos delgadas eran feas”. Recordemos que Karl, en los 90s, era un gordito bonachón que se abanicaba en público; así que no podemos hablar para nada de una opinión no sesgada. Nunca confíes en un Former Fatty Current Twatty.
El 2010 lo comenzamos con esto:
La edición de enero de V magazine (hermana menor de la prestigiada Visionaire) está dedicada a la diversidad de cuerpos. Se llama, con justa razón, The Size Issue. Aquí seguimos encontrándonos con chicas talla cero, claro. En la naturaleza, hay chicas talla cero. También hay talla 14, talla 6, 24, 8, 16, etc. y las vemos presentes en la revista. Para crear expectación, models.com subió probaditas graduales en vísperas de su lanzamiento. Funcionó, pues sorprendía cada vez más:
El día 1 fue el spread “One Size Fits All”, y ¿qué creen, hipsters? ¡Ya pueden decirles a sus amigos que les gustan las chicas carnosas! ¡Terry Richardson les da permiso! Brindemos con Pabst Blue Ribbon mientras vemos a Jacquelyn Jablonski y Crystal Renn usar el mismo conjunto y presumirlo con gracia. En mi opinión, Crystal – que se nos está desapareciendo – luce mejor que Jacqui, más por la actitud desenfadada que por los muslos. La Jablonski es una novata en esto, mientras que la Renn ha formado parte del negocio durante casi la mitad de su vida.
El segundo día, quizás el más polémico, fue “Curves Ahead” de Sølve Sundsbø. Aquí hubo chicas más pesadas, en paños menores, en un plató parecido al del video de “Single Ladies” de Beyoncé. La edición digital sigue siendo fuerte, pero no algo que no hayamos visto en desplegados de moda en todo el mundo. No importa. Le menta la madre a quienes piensan que curvilíneo es solamente Halle Berry, Kate Winslet – también en un vanishing act digno de Harry Houdini – y Charlize Theron – sin ser Monster -.
La muestra número 3, “Barrio Gótico”, tuvo a Iris Strubegger ante la lente de Sebastian Faena. Stubegger es delgada, pero no son las dimensiones de su cuerpo las que forman parte de un statement fuerte, sino la forma en que se presenta. Como en Barcelona es legal la desnudez en público, ella ejerce su derecho; y en las calles se demuestra apenas cubierta con botas, capas, fajas y medias. Aquí es la autoestima la que se presenta como revolucionaria: puedes sentirte como mierda sin importar cómo luzcas, pues como mujer te han presionado a pensar que siempre hay algo que está mal contigo. Que una chica se muestre sin miedo y sin esta presión es increíble en un principio. ¿Pero por qué no se hizo un desplegado así con alguna de las chicas del día dos? ¿Por qué ellas encerraditas en un set algo tacky? ¿Será una liberación a medias? Hmmm….
La primera imagen del cuarto día nos muestra a una anciana personificando a Coco Chanel. En su cara hay alegría. En su pose, algo de groove. Junto a ella se encuentra Dirty Martini, artista del burlesque, con flores sobre sus grandes senos. Aunque la Martini sea un poco más amplia que Tongolele, es encantadora y sexy con esas medias negras, tacones de punta, excesiva joyería y peinado Pompidou. Podemos ver que se siente como un millón de dólares, y eso la hace ver como dos millones de dólares. Alguien que no es “gordita light” – o madre virgen, o bebito patito – como de catálogo de Sears, que está consciente de su sexualidad y la presume sin apologías.
¡Oh! Casi se me olvida: el encargado de “Coco a Go-Go” es Karl Lagerfeld. ¿Se le habrá aparecido el fantasma de Coco para regañarlo por aquel comentario fascista? Espero que sí. Hasta tributo le hace. Ojala la manda que le haya dejado sea mucho mayor y encontremos más variedad en próximas muestras y comerciales de la casa Chanel.



El día final es un fabuloso resumen del mensaje de todo el issue: “V Love U Just The Way U R”, por Terry Tsiolis. Innumerables personajes de todos tamaños, colores, géneros, estilos y sabores, conviven en armonía sin dejar de ser ellos mismos. Redecillas, tatuajes, esos zapatos de Alexander McQueen, transparencias, exotismo, abrazos, acamonchi, travestismo, todo aquí. Es como un modelo de las Naciones Unidas, pero para fashionistas. Pura buena vibra y amor.
¿Pero por qué mencionan medidas y alturas, si a final de cuentas no importan? ¿Para comparar? ¿Comparar qué, si se supone que tu fierceness habla por ti? Eso es lo que me hace ruido.
También tengo otra opinión. Natalie, del blog de ModCloth, la describe mejor:
My first inclination is to call up V for a l’il chat. I imagine our conversation would go something like this:
Me: “Hey, V! It’s me, Natalie. We need to talk about our relationship. I was wondering… If you love me just the way I am, why does it take a ’special’ issue to let me know? Why can’t you love me all the time, in every issue?”
V: “Umm… TALL, THIN, SHORT, CURVY. PUNK, PREP, DOM, DEB. WHOEVER YOU ARE, AND WHOEVER YOU WANT TO BE, WE’RE WITH YOU ALL THE WAY!”
Me: “Yeah, I know you say that in ‘The Size Issue,’ but that still doesn’t answer my question. Listen, V, talk is cheap – I need to see this in every issue, or it’s over between us! O-V-E-R.”
(V hangs up in a panic. Our relationship ends. I throw all V’s stuff outside. V calls a month later, wanting to reconcile. I decline. I’ve moved on to a new magazine.)
Sobre estrellitas y crucecitas. 16/01/2010
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Anoche me fui a cenar con mis amigas a cierto restaurante argentino. Desde que varias fuimos terminando la universidad o atascándonos más en ella, no nos juntamos tanto como solíamos hacerlo. La plática principal, como somos todas compañeras de la misma carrera, se centró en el pasado y en el presente de nuestra alegre licenciatura a través de sus alumnos. Yeah, chisme caliente.
Cabe señalar que nos queremos mucho y que nuestro cotilleo es más un roast (como el que le hicieran a Pamela Anderson, Flavor Flav y compañía) que una crítica destructiva y perversa. Somos unas ternuritas, lo sé. Pero esta anécdota que me pasaron no tiene nada pero nada de madre.

En una clase sobre problemas interculturales y de género, un grupo de chicas se encontraba platicando sin poner atención alguna. La maestra, harta de esta actitud, pidió la participación de una de ellas. Llamémosle Rosario, para respetar su anonimato:
- Rosario, ¿me puedes decir qué es el genocidio?
- Este… – la pobre no lo sabía. Mientras aventaba muletillas al por mayor, pellizcaba a una de sus amigas para que le diera la respuesta. Tampoco sabía.
- Rosario: te estoy esperando.
- Tipo… – le preguntó a otra compañera, que sí sabía qué es el genocidio pero no quiso soplarle la respuesta. – ¿qué es, maestra?
Rosario estaba a unos semestres de graduarse, y no conocía el significado de la palabra “genocidio”. Es algo que te aprendes desde los últimos años de educación primaria. Es más, algunos lo tienen grabado en la sangre y no requieren explicaciones.
La maestra le dio el significado que todos conocemos, usando como ejemplo el exterminio de comunidades minoritarias durante el régimen nazi.
- Ah, OK. – comprendió Rosario, pero no se quedó callada – O sea, sí sabía lo que le habían hecho a los judíos en la guerra y así. De hecho, yo los respeto mucho y me gustan muchas cosas de ellos y así. Hasta me compré un dije de estrella judía, por
que está bien bonita.
Está bien. Apropiación de símbolos religiosos por su atractivo estético. Ni el más intelectualoide se salva de esto. Recuerden cómo se les caía la baba con la exposición del Buda Guanyin que se presentó en MUNE hace un par de años. Es más, esto lo escribe una humanista secular que colecciona Angelitos de la Guarda, Budas gordos y flacos, y que quiere una figura de Ganesh. Descontextualízame esta.
Pero Rosario le siguió:
- Y luego, maestra, tipo que hubo un tiempo en que no quería saber nada de los hombres. Que los odiaba y así. ¿Te acuerdas, Ximena? – le cuchicheó a otra amiga – ¿Cuando odiaba a los hombres por lo que me hizo mi novio?
- Ay, sí. Sí me acuerdo. – le contestó la Xime, para luego pasar un par de minutos quemando al pelmazo en leña verde.
La maestra esperaba de pie para que Rosario volviera al grano.
- Ah, sí, maestra. Tipo, no quería saber nada de los hombres; y cuando iba al antro me ponía la estrella para que creyeran que era judía y que no se me acercaran.
MADRES.
Lo peor es que funcionaba. Más porque la chica es de tez blanca, nariz aguileña, y todos esos rasgos físicos con los que
se estereotipa a quienes vienen del viejo pueblo israelí.
- ¿Y no te ha venido a la cabeza que eso puede ser ofensivo? – no sé de dónde se sacó la maestra tanto estoicismo como para preguntarle algo más a la muchacha.
- O sea, ¿cómo?
- ¿Por qué crees que el príncipe Harry armó tanta polémica cuando se vistió de soldado nazi para noche de brujas?
- Ah, ¿fue de eso?
- Sí, Rosario. ¿No ves que traía la svástica?
- Ah… o sea, ¿la crucecita que usaba Hitler y así? – trató de dibujarla en el aire con sus dedos – Yo una vez me compré un parche de eso para coserla en la mochila, pero luego pensé que me verían feo. Es que está bien bonita.
Pudo haberla traído a gusto en cualquier momento previo a la fundación del partido nacional socialista y antes de que Adolf la adoptara para su movimiento. Ya la historia de la svástica nos la sabemos todos: un caso de apropiación y descontextualización mucho peor que el del uso del Mogen David como autocockblocker.
De todos modos, NO MAMES.
Te quiero mucho, Rosario, pero NO MAMES.
Si hubiera llevado esa clase con ella, le hubiera dicho que mi bisabuelo sobrevivió al holocausto, estuvo atrapado en un campo de concentración, y que nunca quiso hablarnos sobre su tatuaje en el brazo. Ese con muchos números.
No es verdad, pero sólo se lo hubiera dicho para que se cagara de vergüenza.
Ya sé que Hitler te ganó el premio de Peor Apropiación de un Símbolo Religioso en la Historia de la Humanidad, pero NO TE PINCHE MAMES.
Eso del uso patético de elementos para sabotearse algún posible encuentro romántico (o para prevenir la violación [¡!]) me recuerda a este producto:
¡Porque solo puedes respetar a las que están comprometidas! ¡A las demás, que nos la den hasta por las orejas!
No sé quiénes son peores: si los que desprecian/molestan a quienes cuentan o no con cierto accesorio que demuestre su identidad religiosa o romántica, o los que utilizan o no estos accesorios para pretender dicha identidad y lograr desprecio o atracción – ejemplo: quienes NO usan anillo de casados para poder ligar en el antro.
Transiciones whatever-cine. 09/01/2010
Posted by Cyn in a single man, arte, cine, floria sigismondi, hollywood, loca, moda, musica, oscars, pepperminta, pippiloti rist, punk rock, the runaways, tom ford.add a comment
Pippiloti Rist es de mis artistas favoritas. En sus videos actúa como si padeciera de sus facultades mentales; pero una vez que analizamos el verdadero significado de sus acciones, parece que fue a nosotros a quienes nos zangolotearon la mollera de chiquitos. Juega mucho con las ideas sobre la mujer y con lo que les sale de vez en cuando, siempre bajo una visión azucarada y exagerada.
Eso lo podemos ver en su primer filme, Pepperminta. Pepperminta es una chica que vive bajo sus propias reglas, con los colores como sus amigos y las fresas como sus mascotas. Llega a la ciudad para cumplir todos los deseos de una población gris y aburrida, acompañada de unos cuantos aliados que ha conseguido en el camino. De acuerdo al corto, parece una versión de Amélie menos falo-dependiente y mucho más ruidosa. Mejor dicho, nos recuerda más a Pippi Longstocking, superheroína de los cuentos y casi tocaya de la Rist. Apenas será presentada en el Sundance Film Festival, así que no hay que despegarle el ojo. Quizás para finales de año podamos rentarla en nuestros videoclubes favoritos, si es que no llega a Cámara Alternativa/Cineteca/otros festivales de la localidad. Ojala que lo haga. Faltan modelos femeninos a seguir en la pantalla grande. Por lo pronto, quiero ser como ella cuando sea mayor.
Otro que debuta en el cine es Tom Ford, antiguo director creativo de Gucci e Yves Saint-Laurent. Abiertamente homosexual y en una relación sentimental por más de 20 años, es reconocido por sus anuncios atrevidos (pero no faltos de clase) y por haber rescatado todo lo que toca. Su primer trabajo fuera del mundo de la moda fue estrenado el 11 de septiembre en el Festival Internacional de Cine de Venecia, con excelentes resultados.
A Single Man, basada en el libro homónimo de Christopher Isherwood, nos presenta un día en la vida de George Falconer (Colin Firth, el novio de tu madre), maestro universitario que lleva varios meses guardando luto tras la muerte de su pareja. Antes de ir a cenar con su amiga Charley (Julianne Moore), se encuentra con un prostituto español (Jon Kortajarena Redruello) y con un alumno que lo admira (Nicholas Hoult, quien fuera el niño de About a Boy y que ahora es un chav en la serie Skins). En el trailer hay una estética impecable, con un diseño de vestuario y escenografía bien situados en el espacio/tiempo de la trama, y con una cinematografía que nos recuerda a la publicidad de las empresas de Ford. Es de las favoritas para los Golden Globes y el Oscar, así que deben de traerla a cines mexicanos por lo menos una semana. La pregunta es, ¿con qué trailer la presentarán? ¿Con el oficial que lo muestra todo, o con el que la transforma en un romance hombre-mujer para no asustar a los conservadores? Espero que con el primero.
No es nada raro que un director reconocido primero por hacer videos musicales dé el salto a los largometrajes. Esto ya lo han hecho Mark Romanek, Spike Jonze, la pareja Dayton-Farris, Michel Gondry, y Anton Corbijn. Todos menos Dayton-Farris han traducido directamente su sello de autor MTV al mundo de los filmes, y esto ha tenido resultados mixtos por parte de la crítica. Floria Sigismondi quizás va a ser otra excepción con el proyecto que sigue.
En The Runaways puede que no nos encontremos con monstruitos con cara de David Bowie, ni con lombrices ni muñecos, ni con nenas pelirrojas girando en stop-motion. Pero nos encontraremos con punk rock, lencería, y tanto sudor que nos empapará la cara. La biopic de este elemental grupo de adolescentes enloquecidas ha atraído mucha prensa por tener un elenco que te encuentras fácilmente en las paredes de un quinceañero, sonriendo desde los pósters. Kirsten Stewart es sosa como Bella Swan en Twilight, pero se ve bastante convincente cuando encarna a Joan Jett – la misma Jett aprobó la actuación con dos pulgares arriba. Dakota Fanning deja oficialmente de ser la niña dorada de Hollywood para representar a Cherie Currie. Aunque sea filme biográfico, la banda sonora es original como sucedió en Control, y la Fanning parece que sí da el calibre en lo poco que llegamos a escuchar. Por el casting es posible que esté un par de semanas en la cartelera, pero en el cineclub como dos meses antes de su estreno en México. Si no, algún mártir de Spirit Awards seguro la sube a Dailymotion. Igual que Pepperminta, se estrena en el próximo Sundance.
No te creas el hype: reseñas instantáneas para éxitos instantáneos. 30/12/2009
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El lunes en la noche fui a ver Avatar, la nueva paja mental de James Cameron. A Cameron se le recuerda y ama/odi
a por trabajos como la saga de Terminator y el dramón me-cago-en-quienes-verdaderamente-murieron-en-este-evento que fue Titanic. Hablar sobre la trama, los protagonistas, y el escenario, estaría un poco de más. Nos ha sido imposible no informarnos al respecto gracias a cápsulas en noticieros, desplegados en medios impresos, o comentarios de nuestros conocidos en línea y en persona. Quizás nos ha salido un personaje en la Cajita Feliz; o fuimos a ver el teaser de media hora a cualquier cine del mundo.
La historia parece manipuladora a más no poder. A punta de pistola, te piden que llores. Con la flecha dirigida hacia tu cabeza, te piden que ames a los buenos – muy buenos – y que odies a los malos – muy malos. Ese es mi principal problema: la unidimensionalidad de los involucrados. Tal vez la
doctora Grace (Sigourney Weaver) tenga algo de genia enojona, pero esto en sí ya es un estereotipo. Al igual que el del paralítico que es puro por default (¿entienden? Porque nadie se tiraría a un lisiado, jojojojo, :/) y que sólo puede sentirse como sí mismo cuando está en su Avatar y tiene piernas. Si yo requiriera de silla de ruedas para moverme de un punto a otro, me sentiría bastante ofendida con este mensaje. Les recomiendo este artículo sobre el superhéroe y el supercrip, para ya no hablar más al respecto.
Los efectos especiales, eso sí, están fabulosos. Si un viajero de 1890 llegara a una de las salas
donde se exhibe la película en 3D, se muere de un infarto fulminante. O de una eyaculación violenta. Y aunque la trama sea mala, funciona entre la audiencia promedio por lo mismo que la hace mala: las emociones baratas, los buenitos contra los malitos, y el hecho de que te recuerde a todas las películas que hayas visto en tu vida. Hay ratos en que es tan mecánica como Top Gun, tan hippie como Ferngully, tan amor-entre-clases-distintas como TODO LO QUE HAYAS VISTO ANTES, o tan run-to-the-hills como la Pocahontas de Disney. A algunos les gusta lo predecible y lo que deja lugar al escapismo. El cine es escapismo en sí. Incluso los documentales. Hay quienes los ven para asegurarse que sus vidas no son tan horribles como las de los niños en África. Así que si buscas perderte entre plantas que brillan en la oscuridad y extraterrestres que se besan (y fornican) como los seres humanos, ve con toda confianza. Si quieres tu sobredosis de realidad, mejor gasta tu tiempo/dinero en la que sigue. ¿O no?
Precious está ligeramente basada en la novela Push de la poeta norteamericana Sapphire. Digo “ligeramente”, porque la versión de la pantalla
grande tiene poco que ver con el libro del que sale. Precious es una adolescente negra y gorda que vive en un departamento en Harlem. Su padre la viola en repetidas ocasiones. Su madre la golpea porque cree que la chica “le ha robado a su hombre”. Por estar embarazada de su segundo hijo, la corren de la escuela; mas es transferida a un centro de aprendizaje alternativo. Precious no sabe ni leer, pero tiene potencial.
Hasta aquí llega la fidelidad de Precious con Push. Lo que vemos en la cinta es un cuento de hadas lleno de optimismo y fantasía. Meten con calzador un pseudo-interés amoroso (el enfermero Lenny Kravitz) que no estaba en la historia original, y convierten a compañeras poco importantes en sus BFFs. Casi no notamos el progreso ortográfico de l
a protagonista, además que se nos priva de varios flashbacks y momentos importantes que son reemplazados por excesivos sueños despiertos estilo Dancer in the Dark. Lo repito: excesivos. Poquísimo valor se le da al triste giro que toma a mediados de la historia. El final del libro es como una pálida luz de esperanza: Precious leyéndole un cuento a su nuevo bebé en la casa de asistencia, prometiéndole salir adelante, quizás rescatar a su primera hija. Al final del filme, este rescate se lo ahorra su enloquecida madre, quien le deja a la niña en una dolorosa reunión con la trabajadora social (cena nav
ideña a comparación de la consulta en el texto) y la ve partir con su familia completa y aún llena de dignidad.
Gabby Sidibe es convincente con el rol principal. Hay que mencionar que, en la vida real, es tan brillante como Precious en su imaginación. A Mo’Nique la odias como la señora Johnston, pero no tanto como a la que viene en Push. Hasta tiene más flow que el personaje escrito. Todos usan unas ropas ochenteras dignas para ir al Topaz, y la música – salvo la versión girlpoweresca de Gangsta’s Paradise – le queda como un guante al contexto de tiempo y espacio. Y Mariah Carey se ve mejor como consejera fachosa que como intento de vedette. Hasta actúa mejor que en Glitter.
Por lo mismo que comentaba en Avatar entiendo el por qué de la adaptación tan libre y alegre. Corría el riesgo de terminar como blaxploitation si fuera demasiado fiel al escrito. Pero tampoco era necesario borrar escenas completas que nos hubieran ayudado a entrar mejor en sus zapatos. Si yo fuera la autora, hubiera exigido la corrección de estos errores. Ella no lo hizo; de hecho, sale en un cameo casi al final de la cinta. Pero si gente como Alan Moore se ha pronunciado en contra de excelentes versiones cinematográficas de su obra sólo por ser un tanto más épicas y/o cursis que las novelas gráficas en las que se inspiraron, ¿por qué Sapphire, una mujer con tantos calzones como activista, prestó su nombre y su rostro pero no su presencia?
Mejor bájenla de Internet. O esperen a que salga en Hallmark Channel. Pero antes no dejen de leer el libro, para contar con un punto de comparación.
Ira Contra La Maquina (desde adentro de ella) 25/12/2009
Posted by Cyn in anglofilia, facebook es del diablo, mierda, musica, reality.add a comment
En el Reino Unido, más que en ningún otro país de Europa o del resto del mundo, los Christmas number one singles han sido una tradición por décadas. La idea comenzó en 1952, cuando la revista New Musical Express publicaba ca
da semana una lista con los sencillos más vendidos en la región. Pronto hubo una versión oficial basada en los listados del NME; y tanto los medios como la población prestaban especial atención a los ganadores en la semana navideña, pues era cuando los ciudadanos consumían más productos y utilizaban su capital en mayores objetos de afecto para sí mismos y sus seres queridos.
Hay que recordar que, en tiempos pasados, los sencillos eran vendidos por separado, sin necesariamente formar parte de algún álbum con canciones adicionales. Los jóvenes consumían más sencillos que EPs o LPs por su valor económico y por ser, al grano, los éxitos del momento – junto a uno que otro lado B. Ya a mediados de los sesentas, la importancia del álbum (a veces realizado bajo un sólo e inseparable concepto) fue mayor a la del sencillo; y esto siguió por varios años hasta este siglo, cuando generaciones con déficit de atención descargan solamente los temas que les interesan de manera “legal” o “furtiva”.
Por supuesto que el totalitarismo de las listas de popularidad, sobretodo las basadas en ventas, no son representativas de toda la nación. Más que del espíritu de los tiempos, el Christmas Number One nos habla del grupo social con poder adquisitivo y/o de los magnates que manipulan las preferencias de tal grupo.
Los cincuentas fueron de varones buenos y limpios, casi todos norteamericanos (o influenciados por los Estados Unidos), que mantenían contentos a los WASPs: Al Martino, Johnnie Ray, Dickie Valentine, Harry Belafonte. Los sesentas fueron de los hijos rebeldes de dichos WASPs, que casi le regalaron la década a The Beatles y otros actos relativamente escandalosos como Elvis Presley y Tom Jones. Los setentas fueron un juego de pelota entre lo placentero para padres de familia (Jimmy Osmond, Johnny Matis) y el nuevo “caos” que mantenía discotecas (Boney M) y estadios (Queen, Pink Floyd) llenos de jóvenes adultos. Los ochentas, atascados del altruismo de Band Aid, la castidad de Cliff Richards, y lo más family-friendly de Pet Shop Boys y Human League. Los noventas tuvieron lo que le gustaba a tu madre (Whitney Houston), tu hermanito (Mr. Blobby, Michael Jackson pre-escándalo) y tu hermana adolescente (Spice Girls, Westlife, East 17).
Claro, casi todo era una mierda lavada, enjuagada y procesada por empresarios de la música. Grupos creados en audiciones, personajes de televisión, hijos bastardos de Tin Pan Alley, con el verso-coro-verso libre de maldiciones. Muchas mentiras, o verdades a medias – Band Aid era sobre el hambre en África y no del hambre en, digamos, el condado de Durham. Pero al menos era distinta entre sí: mierda café, amarilla, negra, verde, dura, aguada, en bolitas… ya saben.
Pues esa diversidad no se vio en los aughties.
La primera década del 2000 estuvo dominada por productos de reality shows. Girls Aloud, el resultado de Pop Stars, tuvo la navidad del 2002. Pero después de dos años de quasi-descanso (2003 con la hermosa Mad World interpretada por Gary Jules y Michael Andrews, y 2004 con Band Aid OTRA VEZ con la misma canción de siempre), comenzó la tormenta: Shayne Ward, Leona Lewis, Leon Jackson, Alexandra Burke. Todos ellos, ganadores de X Factor, concurso engendrado por Simon Cowell para dar a conocer sus “descubrimientos”. Inocuidad, emociones baratas y voces uniformes. Todavía el año pasado fue de la Burke y su soporífero cóver de Hallelujah, sin la original melancolía de Leonard Cohen ni el desgarramiento de la versión de Jeff Buckley. La tiranía de Cowell y sus chicos era tal que las apuestas se hacían acerca de quién sería el SEGUNDO LUGAR en la lista navideña. De seguro la economía de todo Reino Unido estaba en manos de una parvada de frígidos oligofrénicos que se alimentan de la televisión casi con embudo. Igual o más idiot-savants que cualquier fan de La Academia. Y si es que había alguien que pensara lo contrario, alguien que estuviera enterado y harto de tal monopolio, ¿por qué no hacía nada al respecto?
Este año, la historia sería distinta. Jon y Tracy Morter crearon un grupo en Facebook en el que convocaban a los usuarios a comprar en línea el sencillo Killing in the Name (1992) de Rage Against the Machine y derrotar a Joe McElderry, reciente estrella de X Factor. El 2008 habían tratado de hacer lo mismo con Never Gonna Give You Up de Rick Astley y llevar al rickrolling a un máximo nivel. Fue hasta ahora, que esta y otras redes sociales tienen alcances inimaginables, que la campaña llegó a un mayor número de personas dispuestas a demostrar su fastidio. Más de 500 mil copias fueron vendidas; y rompió récords como el primer número uno disponible sólo por medio de descargas, con el mayor número de ventas en una semana.
¿Pero es esto un logro absoluto de las masas contra las clases? Sí y no. Sí, porque la convocatoria demostró que no todos los británicos eran fervientes de Cowell, y que los programas de realidad estaban muy lejos de demostrar la misma. Rage Against the Machine es un grupo famoso por sus temas de protesta; con letras que hablan sobre la opresión de ciertas minorías, la brutalidad policiaca, la explotación laboral, y el abuso de poder por parte de pocos privilegiados. Son orgullosos zapatistas, han colaborado con numerosas campañas, y no temen maldecir en señal abierta. PERO este acto no es una revolución completa. RATM es parte de Epic Records, disquera de Sony Music, donde labora Simon Cowell y donde firma a toda su descendencia. En cierta parte, las ganancias benefician al juez enojón, aunque haya calificado de “estúpido” al movimiento.
Más significativo hubiera sido que el ganador fuera un artista o grupo de relativa oscuridad. Alguien bajo sello independiente, quizás autoadministrado, con algún tema de broma o en serio. Varios ejemplos se me escapan de la mente, pero no podemos hablar de un coup d’etat musical por parte de la población común si su estandarte no proviene de la misma.
Es lindo lo que hace RATM por varias causas, aunque se les tache de hipócritas por ganar dinero a través del riot. Pero no lo nieguen: es el sueño de muchas cajeras de día, radical cheerleaders de noche. Y es un sueño hecho realidad que una canción non grata para los WASPs de los que hablábamos al principio esté en el número uno de la lista de popularidad más importante del año. Así que podemos hablar de un triunfo a medias, pues nos acordamos que la palabra “popularidad” viene de “popular” que significa “del pueblo”. Y es un alivio saber que no todo el pueblo emite su opinión, si es que lo hace, en modalidad zombie.
Baby steps, baby.
“El buen negocio es el mejor arte.” 18/12/2009
Posted by Cyn in Brooke Shields, Tate, andy warhol, anglofilia, arte, camp, comercial, dali, jeff koons, las eugropas, pop, pr0n?, takashi murakami.add a comment
Después del caos de Spiritual America – y a sabiendas del resto del contenido, no podía quedarme sin ver esta exposición en una vuelta por las Europas. Pop Life: Art in a Material World me pareció un resumen completo y lúcido del arte occidental en estos últimos cuarenta años.
La primera sala nos da un par de ejemplos de cómo la obra maestra ha salido de la galería y se ha instalado en las actividades recreativas del hombre común. Jeff Koons reproduce a la perfección un conejo de globo y lo transfiere al acero inoxidable. Tiempo después, lo regresa a su materia original y lo presenta, magnificado, en el desfile de Acción de Gracias de Macy’s. También está Andy Warhol, llamado “Príncipe del Pop” por la prensa de sus tiempos, en aquel anuncio de televisores donde pronuncia los colores primarios en un muy mal japonés.
Siguen un par de salas que registran la vida social de Warhol y que nos lo recuerdan besando cantantes, pintando colegas, haciendo comedia en Saturday Night Live, y agraciando las portadas de la revista Interview. Se le llamaba “vendido” por cumplir comisiones al por mayor y por exhibirse ante los medios masivos como una celebridad más. Pocos recordaban que los artistas, por varios siglos, retrataban a personajes de abolengo y asistían a sus fiestas.
Hay más obra de Koons, en un cuarto al que sólo pueden acceder mayores de edad. Es lo que mencionab
a en mi post anterior: Koons haciendo el amor, en fotografía y escultura, con su entonces esposa La Cicciolina. Es gráfico, sí. Es rudo, claro. Es realista, donde a Koons le conviene: puedes ver el coito desde todos los ángulos, pero el autor/modelo se presenta musculoso y apuesto. Lo comparamos con el desabrido enclenque de las fotos (no es su culpa: los artistas plásticos no tienen por qué ser guapos) y vemos que mandó el hiperrealismo, literalmente, a la verga.
Pienso en aquel episodio de South Park donde cada personaje recuerda eventos de capítulos pasados y los manipulan a su antojo. Eric Cartman, en el suyo, se imagina como todo un beefcake.
En tristes noticias, la Spiritual America que fue decomisada por Scotland Yard no ha vuelto ni volverá a la muestra. Ha sido reemplazada por una revisitación del 2005, con Brooke Shields adulta y en bikini. Todo el mensaje sobre la explotación infantil y la sangre fría de los celebrity parents se ha desvanecido entre el vapor. No es tan pesado ni lleva a la reflexión ver a Suddenly Susan en paños menores y junto a una moto. A la audiencia promedio poco le importa la objetificación de la mujer. Es más, la proclama y prefiere sobre todos los elementos de publicidad que se le presenten. Pretty Baby en la bañera hubiera sido un golpe en el estómago, incluso nauseabunda para el espectador. Ya el crumpet lo tuvimos con La Cicciolina, y con las piernas abiertas de Cosey Fanni Tutti. Es más, entre todos esos adultos sexualmente activos y orgullosos, la pequeña Brooke nos hubiera llevado a la realidad y al lado oscuro de todo lo que brilla, es bello y se siente bien. Hasta vergüenza nos hubiera dado.
En lo personal, nada de lo que he mencionado me hizo querer rezar el rosario ni acariciarme en público. Encontré mucho más impacto en el caballo de Maurizio Cattelan. Al verlo solo, tirado en la sala, sentí pavor y asco. Luego pensé “el tipo es experto en la escultura hiperrealista y grotesca. Claro que es falso”. Verifiqué la cédula, y era un caballo de verdad. Muerto, con sus ojos fijos y su gesto de terror. Fue escalofriante. Fue genial. Al menos no me
valió un cacahuate, que es lo peor que puede pasarle a una obra. Ni el cordero en formol de Damien Hirst me ocasionó tal efecto. Quizás porque el formol y su contenedor lo mantienen alejado del público. El Jesús Caballo está entre nosotros, sin barreras visibles.
Saliendo del morbo, vemos que lo nuevo de Hirst dejó de requerir de tanto animalito muerto para dar lugar a los humanos vivos. Un par de gemelos (seleccionados previa convocatoria) están sentados, cada uno bajo una pintura de puntos similar a la otra. Hay también lienzos llenos de oro y diamantes, que fueron vendidos a precios ridículos en plena recesión económica. Como que Hirst quería mofarse de la frivolidad del ser humano actual, quien busca el poder y la riqueza sin importar la hambruna del prójimo. Dicho prototipo – ¡oh, sorpresa! – cayó redondito en la trampa.
El show es lúcido, como había comentado al principio, por la dramatización en su curaduría. Hay una sala que es réplica perfecta de la Pop Shop de Keith Harring, con música a todo volumen y productos en venta a precios más o menos accesibles. La sala de Rob Pruitt y Walter Early, especializados en íconos de la cultura negra, tiene rap ochentero retumbando en sus doradas paredes. Entre los recuerdos de la tienda de Tracey Emin y Sarah Lucas hay fotografías, artículos, prendas confeccionadas por Emin, y hasta el letrero de “salí a comer”. Y la de Takashi Murakami es super kawaii, con sus figuras más reconocidas, tenis de diseñador, y un video de Kirsten Dunst con el cabello azul cantando “Turning Japanese” en el distrito de Akihabara. Con amor a todos los onanistas del oriente, para quienes nunca hay suficiente moe en el mundo.
¿Recuerdan el aire de París encapsulado en una botella por Marcel Duchamp? Pues este es el espíritu de los tiempos encapsulado en medio piso de la Tate Modern. Como hay piezas que el occidental ve y dice que no entiende, pasa lo contrario con mucho de lo que aquí se concentra: lo entendemos demasiado, o al menos nos parece familiar, gracias a su participación con los medios masivos y las aficiones del vulgo. ¿Que si los autores son prostitutos del arte por hacer esto? No lo creo. Los prostitutos hacen sólo lo que la gente les pide. Los call-boys son buscados por lo que les gusta hacer. Creo que estos personajes del arte contemporáneo son más parecidos a los call-boys, y no tiene nada de malo. Con sus expresiones y proyectos, cumplen con una demanda que es afín a los desarrollos tecnológicos y sociales, sin comprometer el contenido de su obra y sin perder una pizca de integridad en el proceso de divulgación.
El mito del artista muerto de hambre que se come sus pigmentos y que sólo es amigo de prostitutas y borrachos, es más reciente que el de las superestrellas de la Florencia Renacentista. Que van Gogh haya sido miserable no significa que todos los creadores deban de serlo, con sus inauguraciones secretas, su pobreza extrema y sus ideas rebuscadas. El momento de ser alguien es ahora. Si vas por el camino incorrecto, dejas a un lado las RRPP, y te imaginas descubierto por jóvenes y escolares varios años después de tu muerte, de nada va a servir que no estés ahí para disfrutarlo.
Este… gracias. 26/11/2009
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Este día fue feriado en los Estados Unidos, y celebrado en algunas partes de la frontera (y no tan frontera) mexicana. Como cada último jueves de Noviembre, los norteamericanos preparan una gran cena, se reúnen en familia, y agradecen por todas las bendiciones que han hecho de sus vidas algo más llevadero. Etc. Etc.
Se cree que los peregrinos calvinistas y los nativos americanos compartieron un banquete de igual forma hace cientos de años. Uno piensa en la versión de Disney de Pocahontas, con todo y mapache travieso. O en pielesrojas que cantan mientras se golpean la boca con las palmas abiertas, al mismo tiempo que amables carapálidas les sirven elotes y carne de caza a sus distinguidos anfitriones. Es tierno, sí. Hasta Pet Society vende pelucas de indios y cofias de puritanas. Y velitas en colores otoñales, claro.

Quizás los mexicanos tenemos un poco de conciencia en la falsedad de esta historia. Digo, somos los hijos bastardos del encuentro de dos mundos. Nos echamos El Laberinto de la Soledad en la preparatoria. Sólo que, cuando en la Nueva España los colonos violaban y asesinaban, allá arriba lo hacían en el orden contrario. Sin oportunidad de mestizaje.
Pero… nah. ¿Para qué pensar en eso si hay viernes negro, el dólar bajó y podemos irnos a McAllen?

Los dejo con un par de videos. El primero es una de mis escenas favoritas de películas “infantiles”. En Addams Family Values, los Addams llevan a Merlina y Pericles a un campamento de niños ricos. Para la representación de Acción de Gracias, a Merlina y otros underdogs les dan papeles de indios porque son “feos”, y a los chicos populares les dan papeles de peregrinos. A la hora del evento, Merlina y los demás indígenas improvisan un poco:
Esta otra ya se las saben los metaleros. Una disculpa abierta por parte de Bruce Dickinson y compañía. ¿Alguien sabe si alguna banda española ha hecho algo similar con la historia de la conquista a Latinoamérica?
Y un bonus nomás pa’ que no salgan de aquí con el ceño fruncido.
Muro Pop de Mierda. 10/11/2009
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Como habrán visto en medios masivos audiovisuales, hoy se cumplen veinte años de la caída del Muro de Berlín. Para quienes nacieron después de los eventos, o para quienes éramos muy pequeños cuando sucedieron, este aniversario podría no tener el valor que tiene para nuestros padres. O para quienes vivieron y crecieron en una Alemania dividida. Mentiría y cometería errores imperdonables si tratara de hacer una crónica sobre la edificación del muro, quiénes podían cruzarlo, y qué tan fuerte era la rivalidad entre la mitad capitalista y occidentalizada y el sector comunista aliado a la Unión Soviética. Así que tomaré el tema en base a la fuente a la que está consagrada este sitio: la cultura popular.
Una leve idea del espíritu de los tiempos antes de la caída del muro se encuentra en Summer in Berlin de Alphaville. Aunque sean recordados como viles two-hit wonders, eran de los actos más estrictamente románticos de los 80s. Para empezar, tomaron su nombre de un film de Jean-Luc Godard, miembro fundador de la nouvelle vague. El vocalista Marian Gold estuvo obsesionado con crear la canción perfecta, y cree que lo logró con Forever Young. ¿Y qué es más romántico que querer ser eternamente joven? Antes de decidirse por Alphaville, el mismo grupo se llamaba como este tema, con el que nombraron su primer álbum y con el que consiguieron fama internacional. 
El segundo track del LP era Summer in Berlin, una balada electropop sobre una cita, el 7 de junio, con la ciudad y todo lo que la construye: tráfico, polvo, maquinarias, pavimento. Por supuesto, al final de las líricas, el muro. Era 1984 en la Alemania Occidental. Todavía nadie imaginaba que caería. El reloj del juicio final se encontraba a tres minutos de la medianoche, con la tensión entre Estados Unidos-Reino Unido y la URSS a su máximo nivel. Para Alphaville, el muro seguía y seguiría siendo parte del caos de la ciudad. Quizás magnificado desde su mirada idealista, pues los integrantes eran de Renania del Norte-Westfalia, y no de la ciudad capital.
En mi opinión, es uno de los filmes más tiernos que se hayan realizado en lo que va de la década. Comenzó siendo un fenómeno de cineclubs y ahora la pasan hasta en Unicable. Good Bye Lenin! es una tragicomedia en la que un joven de Alemania Oriental debe ocultar a su madre (ferviente socialista) que el muro ha caído mientras ella se encontraba en coma. Una noticia tan grande como la unificación del país podría llevarla a la muerte. Tanto él como su hermana, su novia enfermera, y su amigo que sueña con ser cineasta, tienen que hacerse valer de cualquier cosa con tal de mantener a la señora Kerner en un estado de ignorancia y satisfacción. Noticias falsas, pepinillos postmodernos en envases de la vieja escuela, niños confundidos cantando odas a un pueblo que apenas recuerdan, y la mentirilla blanca (o roja) de que Coca Cola es una bebida comunista. Al final, la novia no puede ocultarlo más y le cuenta todo a la señora, quien prefiere seguir con el juego hasta el final de sus días.

Es fabuloso ver la reacción de los jóvenes que vivieron en los dos periodos político-sociales. Alex recuerda con afecto a su héroe de la infancia, Sigmund Jähn, el primer alemán en volar al espacio – y orgullosamente del Este. Pero también abraza al nuevo sistema, trabaja instalando platillos satelitales, y usa prendas importadas. Su hermana Ariane, en cuestión de meses, se ha vuelto toda una globalicona con su trabajo en Burger King, su cama de bronceado, los bailes árabes con su tonto novio, y la Coca Cola. Siempre, Coca Cola. Quizás los actores que interpretaron a Alex (Daniel Brühl, hispano-alemán, Frederick Zoller en Inglourious Basterds) y Ariane (Maria Simon, nacida en Leipzig, tras la caída del muro se fue a Nueva York con su padre y su hermana) no recuerden con tanta intensidad lo que fuera el antes y el después en las dos Alemanias, pero recrean sus papeles como si lo hubieran vivido todo. Como si aún lo estuvieran viviendo.
Ya sabemos que The Wall de Pink Floyd no hablaba para nada sobre la situación alemana. Era una de tantas maneras de explotar el estado mental de Syd Barret, quien aunque hubiera sido fundador del grupo no se vio beneficiado de cuanto “tributo” le hicieran los demás integrantes. Ya sabemos que Roger Waters vio la caída del muro como una fuente de oportunidades, transformó el filme en una opera rock, y en 1990 la llevó a un lote baldío que antes era tierra de nadie. Y sabemos que si buscamos una canción verdaderamente conmemorativa del evento, esta sería Wind of Change de Scorpions. La banda de Hanover había compuesto esta canción en un viaje a Moscú en 1989, cuando las libertades crecían en el bloque socialista, y lo relacionaron con los fuertes cambios en su país de origen.

Pero, ¿qué diablos? es Micro-Chips. Una verdadera banda de niños músicos de finales de los 80s. De aquí salió Jay de la Cueva, que sigue siendo un virtuoso de los instrumentos aunque se le pasara la mano con aquella broma llamada Moderatto. Sus integrantes (sí, hasta el hijo de Luis de Llano) eran unos apasionados de la música que siguen dedicándose a los medios hasta ahora. Aparte, este cóver es fabuloso. Como eran chavitos, pudo haberse esperado una traducción literal de Another Brick in the Wall, o por lo menos algo pueril y anti-académico. Pero en ningún lado escuchamos “oye, maestro, deja a esos niños en paz” ni nada estilo “abajo la tarea”. La versión en español es, más que una crítica al sistema educativo, un canto de protesta general. El letrista fantasma, Antonie Chapa, tenía en mente algo mayor. En un adulto, y en otra tonada, se escuchará como cantaleta de bohemio borracho. Pero, ¿qué diablos? es Micro-Chips:
Hey, hey, hey, hey
Son mil voces de protesta
Suplicando más amor
No más guerras por la tierra
Solo es una confusiónHey escuchen tiren la pared
Todo el mundo unido derribará la pared
Todo el mundo unido derribará la paredNecesito de silencio
Darme tiempo de pensar
Derribando las barreras
Que me prohíben avanzarHey escuchen tiren la pared
Todo el mundo unido derribará la pared
Todo el mundo unido derribará la paredHey, hey, hey, hey
Este es el último track de Niños Eléctricos. Este álbum salió en 1988. En 1987, Ronald Reagan se había visto obligado a pedirle a Gorbachev que tirara el muro. ¿O que derribara la pared, como dice la canción? La inspiración del autor es algo obvia.
























